domingo, 24 de julio de 2011

Mi historia. La historia de Adler.

Esta es mi historia, me llamo Adler Mühsan Wieghardt, no sé donde vivo, cada vez nos mudamos con mayor frecuencia, sé que vivo en Alemania, pero no entiendo porqué nos persiguen los franceses.
Me dan miedo, no entiendo lo que dicen ni el motivo por el que nos persiguen.
Mi madre afirma que los franceses quieren que seamos sus esclavos, quieren nuestras tierras y nuestras industrias. Pero yo no sé si creerlo a ella, o a los locos que hay por las esquinas que dicen que hemos sido nosotros los que comenzamos esta situación.
Me conozco la mayoría de ciudades de Alemania del oeste, ya que nos mudamos con mucha frecuencia.
Ahora mismo estoy en Verdún, 1916, mi padre dice que será un buen año para nosotros, lo dice mientras esta borracho y nos escupe a mi hermana y a mi, siempre lo está, él dice que se va a trabajar, pero tanto yo como Dagmar (mi hermana) sabemos que se va al bar a beber cerveza. Después viene a casa en mitad de la noche cantando canciones patrióticas.
Nos obliga a levantarnos y a fingir que somos soldados alemanes y que luchamos contra los franceses invasores, y obliga a nuestra madre a acostarse con él aunque esté cansada de trabajar en la fábrica.
A veces lo odio.
Siento un terrible deseo de que se lo lleven los franceses. Pero es mi padre… y no puedo pensar eso.
21 de febrero de 1916.
Hoy es el cumpleaños de mi hermana Dagmar, y le hemos preparado una sorpresa muy grande. Incluso mi padre hoy no irá a “trabajar” y está en casa, mi madre preparará una tarta y le pondremos velas.
No sé si le gustará mi regalo, son unos calcetines que conseguí en un mercado, de hilo blanco, con un par de lazos rosas. Espero que hoy sea un día perfecto.
No fue así. Estábamos en la cocina de nuestra casa y a mi hermana le habían encantado los calcetines. De repente oímos un ruido que nos resultó muy familiar. Eran los aviones de los franceses. Cogimos cuanto pudimos y salimos corriendo de la casa hacia un bosque que había cerca de la ciudad. Los aviones sobrevolaban nuestras cabezas, mi padre cogió a Dagmar al cuello para poder correr mas rápido, corríamos tanto como podíamos, rezando para que no nos alcanzasen las balas. Mi madre cayó al suelo, y yo me paré para ayudarla mientras mi padre y mi hermana siguieron corriendo…pero no llegaron muy lejos, cayeron abatidos como dos animales salvajes. Me quedé helado, no podía apartar la vista de sus cuerpos, mi padre sobre mi hermana, protegiéndola, o al menos lo había intentado, por fin había hecho algo bien…y mi hermana….solo se veía una manita agarrada a unos calcetines blancos ahora llenos de sangre…
Seguimos corriendo hasta el bosque, donde nos refugiamos en un árbol hueco. Las horas pasaban lentamente, y soldados franceses y alemanes desfilaban por delante de nuestro escondite.
Dos días más tarde salimos, la calma había hecho por fin acto de presencia, pero tanto yo como mi madre sabíamos que no duraría mucho.

Caperucita y el lobo.

Todos conocemos la historia de Caperucita, de como el lobio se comió a Caperucita después de haberla visto en bosque. Pero lo que la gente no sabe esque después de que sacaran a la abuela y a Caperu de la tripa del lobo, Caperu fué a visitarlo al hospital cuando este estaba convaleciente.
-¿Porqué lo has hecho lobo?
-Aaa Caperucita...Por que un lobo es siempre impredecible, ademas... Te lo habia advertido,¿recuerdas?
-Si...pero esque...-Se empezó a sonrojar, recordando la conversación que habian mantenido en el bosque...recordando la primera vez que vio sus labios, recordando la primera vez que lo rozó xcasualidad.
-Aaay Caperu...te tocaste demasiado los labios...
-Y tu como estas? Te duele mucho?
-Nah.-Caperucita puso su cestita encima de la cama del lobo, mirandole sonriente.-Caperu... ya hemos tenido una discusión por culpa de la cestita...no me tienteees...que se me saltan los puntos.
-Esta vez es para ti tonto!!!-Sacó de la cestita botellas de vodka y licores varios.
-MIRA PA CAPERUU!!- Se incorporó en la cama cojiendo la botella de vodka.

Pasaron largo tiempo bebiendo, riendo, cada vez mas cerca el uno del otro...rozandose.
-Caperu...sabías que esa capa te queda muy bien? y tu cuello es tan apetecible...y tus labios..mmmm
-Lobo, lobo...Se te está subiendo el alcohooool...
-Y mas cosas Caperu..y mas cosas.-Se acercó a ella para abrazarla, para oler su pelo, para rozar su cuello con sus labios... y ella le dejó, le dejó que la tocara, dejó que la desnudara"...dejó que acariciara su piel. Y acabó abandonandose al deseo que el lobo le provocaba.
Cuando el lobo y Caperu se despertaron juntos, ella se puso a oler su cuello, rozar su piel, acariciar su pelo... el lobo ya no parecía tan lobo durmiendo.
Cuando él despertó, Caperu ya no estaba, el lobo se quedó con su aroma de azahar e incienso... y en los labios el sabor de ella...se quedó con el recuerdo de aquella noche, en la que todo pasó sin que nada estuviera planeado...ella se habia ido...quizas para siempre...pero el lobo sabía que si tendrían que estar juntos lo estarían..y si no...pues sería un bonito recuerdo....lo unico que el lobo tenia seguro...esque habia sido una Caperucita mas.

Conversaciones internas.

-¿Qué sientes?
- Ya no siento nada... ya no siento el dolos de mis manos, ya no siento el dolor de mi corazon...
-¿Como te sientes?
-Sumergida, en agua negra... sola... sintiendo la tranquilidad del momento, pero el miedo a que en cualkier momento puede suceder... y quedarme sin aire...
-¿Ahi algo que pueda hacer?
-Mirame a los ojos.... comprueba el vacío de mi mirada ahora mismo... y encontrarás la respuesta...Nadie puede hacer nada... Nadie puede hacer nada por mi alma... Nadie puede curarme las manos, nadie puede curarme el corazon... nadie puede curar mi alma...

Mi gran mar... mi eterno mar.

Me siento sumergida en aguas profundas, sin poder encontrar el fondo, sin encontrar la superficie. Mi aliento se acaba, como mis fuerzas por seguir luchando.
Me siento inmersa en un mar oscuro, no es mi mar, no es mi tierra... no hay nada que me salve de hundirme mas, solo quiero llegar al fondo...
Me quedo sin aire, me empiezan a doler los musculos de esfuerzo, se me agarrotan los brazos de intentar agarrarme a algo para poder salvarme. Se me cierran los ojos... estoy cansada, y me rindo al vacío definitivo de mi soledad...
Me rindo, e intento en un desesperado esfuerzo agarrarme a algo efimero que se cruza en mi camino y me da unas gotas del oxigeno que se acaba en mis pulmones... pero se va, y me vuelvo a caer en el vacío, profundo y oscuro...
Acercate y dame aire, acercate y agarrame de la mano, haz que luche por creer en algo inexistente desde mi ultimo tropiezo....
Corre, vuela, nada hacia mi...
No me sueltes, no dejes de darme aire... no dejes que me hunda en mi misma... no dejes que mis ojos se cierren a la vida... no dejes que me hunda en el vacio de un mundo sin tu aliento.

Oviedo Mojado.

La gente pasa a mi lado como sombras grises de lo que un dia soleado pudieron yegar a ser. Yo voy con mis cascos acompañada de musica, no entiendo porque tanto gris, no entiendo porque tanta tristeza en las caras que no me miran mirar para ellas.
Todo está mojado, como mis vaqueros y mis playeros, absolutamente todo, menos resquicios de portales donde la gente aún no se ha metido para refugiarse de la inevitable lluvia que mojará a los refugiados.
Mi paraguas se da la vuelta con la primera racha de viento, y me da igual mojarme, me hace sentir como en tapia, alegre y divertida de sentirme viva en esta gris ciudad que es Oviedo.
Sonrio cuando me acabo empapando, simplemente porque me hace gracia que la gente al mojarse ponga el gesto turbio, y con un juramento intente secarse a pesar de la lluvia que le sigue cayendo encima inevitable e irremediablemente.
Me siento bien, me encanta la lluvia, tengo la persiana de mi habitación subida con las cortinas abiertas para ver como cae la lluvia por mis cristales. Me encanta por el mero hecho de imaginar que en una tarde asi, quizás en pleno agosto me pille en la playa, acompañada y encantada por mojarme con lluvia.
Me encanta como huele despues de llover, huele a limpio, a mojado... pero en Oviedo no es asi... en Oviedo huele a tristeza y a sentimientos deprimentes de gente gris, que pasea por una ciudad gris, en un dia gris... y nadie se da cuenta de que mi sombra es de un color rojo brillante, por mi pasion de estos dias, por la alegria de sentirme viva al respirar el aire humedo, rojo por el dolor de mi rodilla ante el cambio de temperatura.
Nadie se ha dado cuenta, y nadie se dará cuenta. Y eso me encanta.