Me dan miedo, no entiendo lo que dicen ni el motivo por el que nos persiguen.
Mi madre afirma que los franceses quieren que seamos sus esclavos, quieren nuestras tierras y nuestras industrias. Pero yo no sé si creerlo a ella, o a los locos que hay por las esquinas que dicen que hemos sido nosotros los que comenzamos esta situación.
Me conozco la mayoría de ciudades de Alemania del oeste, ya que nos mudamos con mucha frecuencia.
Ahora mismo estoy en Verdún, 1916, mi padre dice que será un buen año para nosotros, lo dice mientras esta borracho y nos escupe a mi hermana y a mi, siempre lo está, él dice que se va a trabajar, pero tanto yo como Dagmar (mi hermana) sabemos que se va al bar a beber cerveza. Después viene a casa en mitad de la noche cantando canciones patrióticas.
Nos obliga a levantarnos y a fingir que somos soldados alemanes y que luchamos contra los franceses invasores, y obliga a nuestra madre a acostarse con él aunque esté cansada de trabajar en la fábrica.
A veces lo odio.
Siento un terrible deseo de que se lo lleven los franceses. Pero es mi padre… y no puedo pensar eso.
21 de febrero de 1916.
Hoy es el cumpleaños de mi hermana Dagmar, y le hemos preparado una sorpresa muy grande. Incluso mi padre hoy no irá a “trabajar” y está en casa, mi madre preparará una tarta y le pondremos velas.
No sé si le gustará mi regalo, son unos calcetines que conseguí en un mercado, de hilo blanco, con un par de lazos rosas. Espero que hoy sea un día perfecto.
No fue así. Estábamos en la cocina de nuestra casa y a mi hermana le habían encantado los calcetines. De repente oímos un ruido que nos resultó muy familiar. Eran los aviones de los franceses. Cogimos cuanto pudimos y salimos corriendo de la casa hacia un bosque que había cerca de la ciudad. Los aviones sobrevolaban nuestras cabezas, mi padre cogió a Dagmar al cuello para poder correr mas rápido, corríamos tanto como podíamos, rezando para que no nos alcanzasen las balas. Mi madre cayó al suelo, y yo me paré para ayudarla mientras mi padre y mi hermana siguieron corriendo…pero no llegaron muy lejos, cayeron abatidos como dos animales salvajes. Me quedé helado, no podía apartar la vista de sus cuerpos, mi padre sobre mi hermana, protegiéndola, o al menos lo había intentado, por fin había hecho algo bien…y mi hermana….solo se veía una manita agarrada a unos calcetines blancos ahora llenos de sangre…
Seguimos corriendo hasta el bosque, donde nos refugiamos en un árbol hueco. Las horas pasaban lentamente, y soldados franceses y alemanes desfilaban por delante de nuestro escondite.
Dos días más tarde salimos, la calma había hecho por fin acto de presencia, pero tanto yo como mi madre sabíamos que no duraría mucho.
Mi madre afirma que los franceses quieren que seamos sus esclavos, quieren nuestras tierras y nuestras industrias. Pero yo no sé si creerlo a ella, o a los locos que hay por las esquinas que dicen que hemos sido nosotros los que comenzamos esta situación.
Me conozco la mayoría de ciudades de Alemania del oeste, ya que nos mudamos con mucha frecuencia.
Ahora mismo estoy en Verdún, 1916, mi padre dice que será un buen año para nosotros, lo dice mientras esta borracho y nos escupe a mi hermana y a mi, siempre lo está, él dice que se va a trabajar, pero tanto yo como Dagmar (mi hermana) sabemos que se va al bar a beber cerveza. Después viene a casa en mitad de la noche cantando canciones patrióticas.
Nos obliga a levantarnos y a fingir que somos soldados alemanes y que luchamos contra los franceses invasores, y obliga a nuestra madre a acostarse con él aunque esté cansada de trabajar en la fábrica.
A veces lo odio.
Siento un terrible deseo de que se lo lleven los franceses. Pero es mi padre… y no puedo pensar eso.
21 de febrero de 1916.
Hoy es el cumpleaños de mi hermana Dagmar, y le hemos preparado una sorpresa muy grande. Incluso mi padre hoy no irá a “trabajar” y está en casa, mi madre preparará una tarta y le pondremos velas.
No sé si le gustará mi regalo, son unos calcetines que conseguí en un mercado, de hilo blanco, con un par de lazos rosas. Espero que hoy sea un día perfecto.
No fue así. Estábamos en la cocina de nuestra casa y a mi hermana le habían encantado los calcetines. De repente oímos un ruido que nos resultó muy familiar. Eran los aviones de los franceses. Cogimos cuanto pudimos y salimos corriendo de la casa hacia un bosque que había cerca de la ciudad. Los aviones sobrevolaban nuestras cabezas, mi padre cogió a Dagmar al cuello para poder correr mas rápido, corríamos tanto como podíamos, rezando para que no nos alcanzasen las balas. Mi madre cayó al suelo, y yo me paré para ayudarla mientras mi padre y mi hermana siguieron corriendo…pero no llegaron muy lejos, cayeron abatidos como dos animales salvajes. Me quedé helado, no podía apartar la vista de sus cuerpos, mi padre sobre mi hermana, protegiéndola, o al menos lo había intentado, por fin había hecho algo bien…y mi hermana….solo se veía una manita agarrada a unos calcetines blancos ahora llenos de sangre…
Seguimos corriendo hasta el bosque, donde nos refugiamos en un árbol hueco. Las horas pasaban lentamente, y soldados franceses y alemanes desfilaban por delante de nuestro escondite.
Dos días más tarde salimos, la calma había hecho por fin acto de presencia, pero tanto yo como mi madre sabíamos que no duraría mucho.