domingo, 24 de julio de 2011

Oviedo Mojado.

La gente pasa a mi lado como sombras grises de lo que un dia soleado pudieron yegar a ser. Yo voy con mis cascos acompañada de musica, no entiendo porque tanto gris, no entiendo porque tanta tristeza en las caras que no me miran mirar para ellas.
Todo está mojado, como mis vaqueros y mis playeros, absolutamente todo, menos resquicios de portales donde la gente aún no se ha metido para refugiarse de la inevitable lluvia que mojará a los refugiados.
Mi paraguas se da la vuelta con la primera racha de viento, y me da igual mojarme, me hace sentir como en tapia, alegre y divertida de sentirme viva en esta gris ciudad que es Oviedo.
Sonrio cuando me acabo empapando, simplemente porque me hace gracia que la gente al mojarse ponga el gesto turbio, y con un juramento intente secarse a pesar de la lluvia que le sigue cayendo encima inevitable e irremediablemente.
Me siento bien, me encanta la lluvia, tengo la persiana de mi habitación subida con las cortinas abiertas para ver como cae la lluvia por mis cristales. Me encanta por el mero hecho de imaginar que en una tarde asi, quizás en pleno agosto me pille en la playa, acompañada y encantada por mojarme con lluvia.
Me encanta como huele despues de llover, huele a limpio, a mojado... pero en Oviedo no es asi... en Oviedo huele a tristeza y a sentimientos deprimentes de gente gris, que pasea por una ciudad gris, en un dia gris... y nadie se da cuenta de que mi sombra es de un color rojo brillante, por mi pasion de estos dias, por la alegria de sentirme viva al respirar el aire humedo, rojo por el dolor de mi rodilla ante el cambio de temperatura.
Nadie se ha dado cuenta, y nadie se dará cuenta. Y eso me encanta.

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