Entró en mi local, camino de las 3 de la mañana, estaba a punto de cerrar, como de costumbre... paré la música como tres cuartos de hora antes, para que los borrachos, prostitutas y drogadictos que habitan mi bar a estas horas, terminaran la copa y se largaran... Pero entró, el o ella... eso no importa ahora, iba con un traje gris de raya diplomatica negra, ceñido, quizás demasiado para un empresario, pero muy poco para una de las chicas de compañía que tomaron cierto dia mi bar. Su andar, ¿qué podría decir? embelesó a toda la humeante sala donde sólo se escuchaba el murmullo de docenas de voces cuchicheando y el entrechocar de vasos. Se acercó a mi barra, y bajo el sombrero de ala negra polvoriento y veteado por el humo que se colaba entre ese ser misterioso y mis ojos, me pidió una copa, la cual le puse con una rapida advertencia: "cerrare en seguida, asi que yo que tu tragaria mas rapido de lo que has entrado en este local si no quieres tener problemas amigo."
El tiempo pasaba, y el ambiente se oscureció mas de lo normal, y me quedé mirando al extraño personaje que había entrado en mi bar, y con curiosidad felina me acerqué a el, secando con mi delantal un vaso, y con un cigarrillo en mi boca, y le pregunté que se supone que era, y que hacia a esas horas caminando en solitario por un barrio como era aquel, y una ciudad como era esa, y su respuesta fue alargarme un billete y preguntar si el piano estaba libre... le contesté que si, pero que mi pianista estaba con dos fulanas en uno de los sofas del fondo, que por un par de billetes mas lo llamaría si quería. ¿Qué iba a hacer? la noche estaba siendo catastrófica.
Todo estaba preparado, mi pianista negro como la noche fumándose el puro de rigor, mientras se formaba un corrillo de prostitutas mezcladas con sus chulos y drogadictos... si amigo... este es mi bar, y si no te gusta, a la calle.
Oh mi querido Sam, esa noche estaba inspirado... pero se inspiró aun mas cuando el sombrero negro con una banda de piel se deslizó de la cabeza de aquel extraño personaje, dejando ver una melena negra, y la americana se soltó de los hombros aumentados por hombreras, que dejaban ver una camisa blanca de hilo fina, como marcaba la moda. Una preciosidad salió de debajo de ese traje, y mirando a mi pianista dijo: Tócala Sam, ya sabes cual es.
Y como si de magia se tratara... créame amigo, sé lo que me digo, de ese piano desgastado y viejo, comenzaron a salir acordes desconocidos para mi, y para el propio Sam... pero de esos labios... de esos preciosos labios rojos, adornados con la boquilla de un cigarro en ocasiones, salían las notas mas preciosas y el humo mas blanquecino que he visto en mi vida... y todas las putas, chulos y drogadictos, dejaron de serlo para acompañar con miradas brillantes y sonrisas sinceras aquella melodía, y desde mi lado de la barra, veía aquella escena como unos cuantos años atrás, cuando el jazz estaba en su máximo esplendor y mi bar era un centro de música y no de dorgadictos... lo que cambian las cosas...
Al terminar una serie de bellísimas canciones que hicieron a mas de uno replantearse su vida... ¿que pasa? soy camarero, esas cosas las sé ver... y a mas de dos llorar... me acerqué a ella con otra copa y les pregunté, tanto a Sam como a ella, de dónde habían sacado esas canciones... y me respondieron con la respuesta mas brillante y mas ambigua que en toda mi vida... me dijeron... Cariño, tanto en esta vida, como en esta ciudad... lo mas importante es saber improvisar, y si lo haces en una canción... podrás hacerlo en tu vida... quizás sea lo que necesitas, aprender a improvisar en la musica.. para poder improvisar en el resto...
-¿Quiere que le improvise una canción para que me sirva mi copa abuelo?
-Qué juventud... nadie sabe apreciar una buena historia ya... ¿verdad hijo?
-¿Historia? eso se lo acaba de inventar!
-¿INVENTAR? No jóven, la he improvisado... no tergiversemos.
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