domingo, 7 de agosto de 2011

Lárgate nene, ya no tienes nada que hacer aqui.

"¡Lárgate! No queremos gentuza como tu en este bar. Ah, ¿que tienes dinero? ¿Porqué no lo ha dicho antes? Entre y tómese un trago amigo." La tipica frase de bar de clase baja, de los de puerta de madera rota a trozos, despintada y con algún que otro cristal roto, una puerta que podría decirnos mucho del local por dentro... pero no tiene desperdicio alguno, taburetes destartalados que se apoyan en hombres borrachos que sujetan una barra que se cae, mientras un camarero mal encarado te observa desde detrás de la nube de humo que nada mas entrar en el bar te golpea en plena cara, un hombre con barba desaliñada, cigarro en boca y vaso en mano, cuya pareja es golpeada contra una de las mesas sin manteles del fondo, donde la oscuridad brilla como la mas luminosa de las bombillas, mientras que se iluminan cerillas para encender cigarros en boca de mujeres con pintalabios rojo, falda corta y vergüenza inexistente. Y en una esquina mientras pisas los azulejos del suelo en ajedrez, suenan unos acordes disonantes de un piano negro de pared, y ves como el pianista pone mas empeño en mirar a quien, en una especie de peligroso y tambaleante altillo, y sobre unos tacones blancos preciosos canta la canción que todo hombre quisiera escuchar de sus labios.
El camarero te pregunta despectivo qué es lo que quieres, y tu solo puedes articular dos palabras... a ella. "Claro que la quieres a ella, y yo quisiera comprarme un mustang, pero amigo... hay cosas que no pueden ser." Qué razón tenia el cabrón.
Las horas pasaban en ese pequeño local del centro de la subciudad, y tus ojos no tienen otro objetivo que esa muchacha que canta, en sus zapatos blancos y las interminables piernas que sujetan, en ese vestido blanco de raja ladeada y hombro al descubierto de tela, pero cubierto por unas ondulaciones de terciopelo negro, que enmarcaban una cara de fiera, decorados con dos preciosos ojos color caoba, que sin saber como ni porqué, te miran. Y esos labios, por un instante se mueven para ti.

¿Para qué mentir? Acaba en tu cama, y al dia siguiente te la encuentras con una camisa descalza sobre el parquet con una coleta alta, caminando sobre la punta de sus pies. Descarada diosa,  pero de sus labios ahora despintados, sale la frase lapidaria de la mañana, "no se que hace aquí aun nene, lárgate, aquí ya no tienes nada que hacer."
Y te vas, sin despedirte de esos labios que te besaron una y otra vez bajo una noche estrellada oculta bajo nubes de humo y contaminación, sin despedirte de esas manos que te llevaron hasta el éxtasis puro y, aunque breve, intenso.
No vuelves a ese bar, porque no lo encuentras por mucho que intentes buscarlo.
No la vuelves a ver a ella, porque no has encontrado ese bar.
Y por supuesto, tu vida ahora va en picado... Es lo que tienen los sueños imposibles, los encuentras entre la mierda, los seduces, los piensas, te acercas y consigues pasar el mejor rato de tu vida imaginando como sera ese sueño descabellado, y cuando intentas que se haga real, ya no tienes nada que hacer... ¿o quizás si? depende de cuanto tiempo decidas derrochar en buscar esa sensación otra vez, y depende de si quieres una fantasía de una noche, o un sueño de verdad... porque mientras tu mirabas a la morena despampanante, en la mesa de al lado, una chica se encendía un cigarro deseando que tus ojos cayeran sobre ella.

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