lunes, 7 de noviembre de 2011

Hueles.

Todavía, sin embargo, quizás, aún así...

Me da igual, no me importa, no debo, quiero...

Imposibles posibles en marcos externos a donde me enmarcan, 
en fotos de blanco y negro que revelan colores,
en situaciones de colores que se recuerdan en blanco y negro...

Hueles, dueles, siempre, nunca, quizás, aun así...

Violín y piano, banda sonora insonorizada por manos indignas que ocultan mis pareceres en sus propios sonidos.
Sueño e insomnio, placeres infructuosos que atormentan mis ojos ante la pérdida al fin del mismo universo...

En cada poro, en cada sonido, en cada pestañeo, un mar azul verdoso en el que... quizás quiera querer, no debiendo, estar.

Algún día, mis marcos estallarán ante una imagen de mi misma que no se encuadre donde estoy ahora.
Desafiándome a mi misma, podré empezar a ganar mis batallas, desafiándome, ganaré esta batalla.

Y ahora es cuando cae el telón, un inmenso telón rojo que oculta un olor, que oculta un dolor, que oculta una distancia sin distancia que en su afán por separar, junta. 

sábado, 5 de noviembre de 2011

Un Nirvana.

Y vi un Nirvana de letras y palabras saliendo
de la quimera que es su boca.
Letras inmensas, palabras subyugantes que atontan mi mente
haciéndola débil en su afán por continúar un rumbo que ya no se cual es.



Y presencié un Nirvana de colores y luces
de los chispazos de dos miradas.
Colores que no se apagan, colores que permanecen,
impretérritos en un tiempo que quizás no sea el mio.



Sólo se, que estuve una vez en ese Nirvana
y ahora, solo necesito un mordisco mas a esa manzana prohibida que
un dia probé, me gustó, me enganchó... y ahora... quién sabe... quizás no este tan prohibida.

domingo, 2 de octubre de 2011

Así como de la nada.

Palabras que por si mismas cuentan historias,
historias que se reinventan,
inventos frustrados de gestos mutilados por vergüenza,
vergüenza que me avergüenza sin motivos,
dedos agiles sobre pieles imperfectas,
que en la imperfección de lo perfecto,
acaban siento hermosas.
Secretos de color blanco negro y rojo,
de texturas prohibidas que mis uñas rescatan a tiras de un sueño que a veces es realidad,
y a veces en vez de uñas usaba parpadeos y miradas,
para acariciar con suavidad y sin molestar deseos que se acabaran convirtiendo en una parte mas de mi mundo.

lunes, 8 de agosto de 2011

Un recuerdo, una gota de lluvia.


Llovía, un ligero manto de color cristalino, pero a la vez veteado con profundas nubes de colores tenebrosos que agitan el alma, hacía de las calles una trampa deslizante para sus zapatos negros. Mantenía el paso firme, pisadas lentas, pues ya no tenía prisa alguna, pero aún así seguras, cada paso, soportaba el peso íntegro de él, una figura negra, una esbelta figura negra que paseaba bajo la lluvia de aquel día de difuntos, dónde él parecía el primero de ellos regresado a la vida, como bien decía el párroco que ofició aquella triste y lamentable ceremonia.

No le importaban las gotas que le mojaban el pelo, ni la cara, ni el abrigo largo que portaban sus hombros ya cansados, ni los pantalones de pinza ya arrugados. Se deleitaba con cada gota, sentía cada gota, y con cada una de ellas un rincón más de su ya empapada alma se mojaba aún mas. Una mano metida en el bolsillo izquierdo, la otra se balanceaba lentamente, con parsimonia de adelante hacia atrás, en un movimiento pendular casi arrogante, como el tiempo que pasaba en su reloj de mano, el cual se empeñaba en pasar lentamente, tan despacio que hasta su medidor se paró de la angustia de su irreverencia, enfundada en un guante negro con el puño cerrado, aferrando algo de plata que bailaba en el aire ágilmente, prácticamente era lo único que se atrevía a romper el tempo de la escena.

Las calles se mostraban obstinadas en querer hacer resbalar a ese hombre, que desafiaba a la lluvia mirándola caer en el infinito de una mirada que ya no era la suya, con ojos agotados, remarcados por ojeras de varios días de insomnio causado, el mentón rasurado denotaba un aura de poder, de desafío ya vacío de significado. A su alrededor todo parecía mas riguroso, demasiado solemne, él era la lluvia, él era un vago recuerdo.

Se entremezcló con un desfile de paraguas, de cuyas puntas surgían regueros de agua, cristalina y helada, que empeñadas en seguir corriendo en su libidinoso afán por llegar a la suave tierra, se mezclaban con la ya empapada chaqueta de él.  Se dirigió al parque, a ese parque, su parque, el de él, y el de ella también. Se sentó en un banco ya roto y oxidado, por el cual las gotas de agua jugaban con a remarcar los reposabrazos y los pies de metal quejumbroso, con la cabeza alta, escuchando la lluvia rozar contra los troncos de los árboles, deslizándose por las cortezas rugosas y goteando de las ramas desnudas que coronaban aquel parque de recuerdos y olvidos. Las palomas se cobijaban en grupos, quién fuera ave, para que las gotas que lo empapaban resbalaran por su chaqueta sin mojarlo, sin empapar su alma, el recuerdo, su recuerdo, el de ella.
Y a su espalda, sonó una voz, un susurro de labios rotos, que él sintió en su nuca como el halito helado de la muerte. -¿Dónde estás?. Una frase que se repitió en su mente con eco, con un eco hermoso, casi tan cristalino como las gotas de lluvia que rebotaban juguetonas a su alrededor.
Él agachó la cabeza lentamente, con la parsimonia heredada del balanceo de la mano derecha que ahora se entrecruzaba con la izquierda, sosteniendo en el medio aquel collar de plata que sostenía. Cerró los ojos, y la recordó, recordó las noches de invierno en que discutían por quién apagaría antes el ordenador, dejaría de escribir, y se acomodaría en el sofá, aquel rincón en que habían disfrutado de tantas películas, de tantos momentos únicos, recordó aquella alfombra negra y blanca que adornaba el suelo, el tacto de la alfombra en el costado desnudo mientras una mano acariciaba aquel recuerdo ahora tan doloroso, mientras en la boca sentía la esencia del deseo. Ya no estaba, y ahora, a él sólo le quedaba el recuerdo de aquellas noches, en las que ebrios de alcohol y pasión, se quedaban dormidos en la terraza contemplando la luna sin mas abrigo que el de la piel del otro.
Y en ese preciso instante, entreabrió los labios, y soltó un suspiro cansado y agotado, largo y doloroso, el último de un día de difuntos cualquiera. Y mientras, en la lejanía, solo se oía el murmullo de la lluvia, el murmullo de la soledad de un recuerdo.

domingo, 7 de agosto de 2011

Lárgate nene, ya no tienes nada que hacer aqui.

"¡Lárgate! No queremos gentuza como tu en este bar. Ah, ¿que tienes dinero? ¿Porqué no lo ha dicho antes? Entre y tómese un trago amigo." La tipica frase de bar de clase baja, de los de puerta de madera rota a trozos, despintada y con algún que otro cristal roto, una puerta que podría decirnos mucho del local por dentro... pero no tiene desperdicio alguno, taburetes destartalados que se apoyan en hombres borrachos que sujetan una barra que se cae, mientras un camarero mal encarado te observa desde detrás de la nube de humo que nada mas entrar en el bar te golpea en plena cara, un hombre con barba desaliñada, cigarro en boca y vaso en mano, cuya pareja es golpeada contra una de las mesas sin manteles del fondo, donde la oscuridad brilla como la mas luminosa de las bombillas, mientras que se iluminan cerillas para encender cigarros en boca de mujeres con pintalabios rojo, falda corta y vergüenza inexistente. Y en una esquina mientras pisas los azulejos del suelo en ajedrez, suenan unos acordes disonantes de un piano negro de pared, y ves como el pianista pone mas empeño en mirar a quien, en una especie de peligroso y tambaleante altillo, y sobre unos tacones blancos preciosos canta la canción que todo hombre quisiera escuchar de sus labios.
El camarero te pregunta despectivo qué es lo que quieres, y tu solo puedes articular dos palabras... a ella. "Claro que la quieres a ella, y yo quisiera comprarme un mustang, pero amigo... hay cosas que no pueden ser." Qué razón tenia el cabrón.
Las horas pasaban en ese pequeño local del centro de la subciudad, y tus ojos no tienen otro objetivo que esa muchacha que canta, en sus zapatos blancos y las interminables piernas que sujetan, en ese vestido blanco de raja ladeada y hombro al descubierto de tela, pero cubierto por unas ondulaciones de terciopelo negro, que enmarcaban una cara de fiera, decorados con dos preciosos ojos color caoba, que sin saber como ni porqué, te miran. Y esos labios, por un instante se mueven para ti.

¿Para qué mentir? Acaba en tu cama, y al dia siguiente te la encuentras con una camisa descalza sobre el parquet con una coleta alta, caminando sobre la punta de sus pies. Descarada diosa,  pero de sus labios ahora despintados, sale la frase lapidaria de la mañana, "no se que hace aquí aun nene, lárgate, aquí ya no tienes nada que hacer."
Y te vas, sin despedirte de esos labios que te besaron una y otra vez bajo una noche estrellada oculta bajo nubes de humo y contaminación, sin despedirte de esas manos que te llevaron hasta el éxtasis puro y, aunque breve, intenso.
No vuelves a ese bar, porque no lo encuentras por mucho que intentes buscarlo.
No la vuelves a ver a ella, porque no has encontrado ese bar.
Y por supuesto, tu vida ahora va en picado... Es lo que tienen los sueños imposibles, los encuentras entre la mierda, los seduces, los piensas, te acercas y consigues pasar el mejor rato de tu vida imaginando como sera ese sueño descabellado, y cuando intentas que se haga real, ya no tienes nada que hacer... ¿o quizás si? depende de cuanto tiempo decidas derrochar en buscar esa sensación otra vez, y depende de si quieres una fantasía de una noche, o un sueño de verdad... porque mientras tu mirabas a la morena despampanante, en la mesa de al lado, una chica se encendía un cigarro deseando que tus ojos cayeran sobre ella.

sábado, 6 de agosto de 2011

En esta ciudad, lo importante es saber improvisar.

Entró en mi local, camino de las 3 de la mañana, estaba a punto de cerrar, como de costumbre... paré la música como tres cuartos de hora antes, para que los borrachos, prostitutas y drogadictos que habitan mi bar a estas horas, terminaran la copa y se largaran... Pero entró, el o ella... eso no importa ahora, iba con un traje gris de raya diplomatica negra, ceñido, quizás demasiado para un empresario, pero muy poco para una de las chicas de compañía que tomaron cierto dia mi bar. Su andar, ¿qué podría decir? embelesó a toda la humeante sala donde sólo se escuchaba el murmullo de docenas de voces cuchicheando y el entrechocar de vasos. Se acercó a mi barra, y bajo el sombrero de ala negra polvoriento y veteado por el humo que se colaba entre ese ser misterioso y mis ojos, me pidió una copa, la cual le puse con una rapida advertencia: "cerrare en seguida, asi que yo que tu tragaria mas rapido de lo que has entrado en este local si no quieres tener problemas amigo."
El tiempo pasaba, y el ambiente se oscureció mas de lo normal, y me quedé mirando al extraño personaje que había entrado en mi bar, y con curiosidad felina me acerqué a el, secando con mi delantal un vaso, y con un cigarrillo en mi boca, y le pregunté que se supone que era, y que hacia a esas horas caminando en solitario por un barrio como era aquel, y una ciudad como era esa, y su respuesta fue alargarme un billete y preguntar si el piano estaba libre... le contesté que si, pero que mi pianista estaba con dos fulanas en uno de los sofas del fondo, que por un par de billetes mas lo llamaría si quería. ¿Qué iba a hacer? la noche estaba siendo catastrófica.
Todo estaba preparado, mi pianista negro como la noche fumándose el puro de rigor, mientras se formaba un corrillo de prostitutas mezcladas con sus chulos y drogadictos... si amigo... este es mi bar, y si no te gusta, a la calle.
Oh mi querido Sam, esa noche estaba inspirado... pero se inspiró aun mas cuando el sombrero negro con una banda de piel se deslizó de la cabeza de aquel extraño personaje, dejando ver una melena negra, y la americana se soltó de los hombros aumentados por hombreras, que dejaban ver una camisa blanca de hilo fina, como marcaba la moda. Una preciosidad salió de debajo de ese traje, y mirando a mi pianista dijo: Tócala Sam, ya sabes cual es.
Y como si de magia se tratara... créame amigo, sé lo que me digo, de ese piano desgastado y viejo, comenzaron a salir acordes desconocidos para mi, y para el propio Sam... pero de esos labios... de esos preciosos labios rojos, adornados con la boquilla de un cigarro en ocasiones, salían las notas mas preciosas y el humo mas blanquecino que he visto en mi vida... y todas las putas, chulos y drogadictos, dejaron de serlo para acompañar con miradas brillantes y sonrisas sinceras aquella melodía, y desde mi lado de la barra, veía aquella escena como unos cuantos años atrás, cuando el jazz estaba en su máximo esplendor y mi bar era un centro de música y no de dorgadictos... lo que cambian las cosas...
Al terminar una serie de bellísimas canciones que hicieron a mas de uno replantearse su vida... ¿que pasa? soy camarero, esas cosas las sé ver... y a mas de dos llorar... me acerqué a ella con otra copa y les pregunté, tanto a Sam como a ella, de dónde habían sacado esas canciones... y me respondieron con la respuesta mas brillante y mas ambigua que en toda mi vida... me dijeron... Cariño, tanto en esta vida, como en esta ciudad... lo mas importante es saber improvisar, y si lo haces en una canción... podrás hacerlo en tu vida... quizás sea lo que necesitas, aprender a improvisar en la musica.. para poder improvisar en el resto...
-¿Quiere que le improvise una canción para que me sirva mi copa abuelo?
-Qué juventud... nadie sabe apreciar una buena historia ya... ¿verdad hijo?
-¿Historia? eso se lo acaba de inventar!
-¿INVENTAR? No jóven, la he improvisado... no tergiversemos.

domingo, 24 de julio de 2011

Mi historia. La historia de Adler.

Esta es mi historia, me llamo Adler Mühsan Wieghardt, no sé donde vivo, cada vez nos mudamos con mayor frecuencia, sé que vivo en Alemania, pero no entiendo porqué nos persiguen los franceses.
Me dan miedo, no entiendo lo que dicen ni el motivo por el que nos persiguen.
Mi madre afirma que los franceses quieren que seamos sus esclavos, quieren nuestras tierras y nuestras industrias. Pero yo no sé si creerlo a ella, o a los locos que hay por las esquinas que dicen que hemos sido nosotros los que comenzamos esta situación.
Me conozco la mayoría de ciudades de Alemania del oeste, ya que nos mudamos con mucha frecuencia.
Ahora mismo estoy en Verdún, 1916, mi padre dice que será un buen año para nosotros, lo dice mientras esta borracho y nos escupe a mi hermana y a mi, siempre lo está, él dice que se va a trabajar, pero tanto yo como Dagmar (mi hermana) sabemos que se va al bar a beber cerveza. Después viene a casa en mitad de la noche cantando canciones patrióticas.
Nos obliga a levantarnos y a fingir que somos soldados alemanes y que luchamos contra los franceses invasores, y obliga a nuestra madre a acostarse con él aunque esté cansada de trabajar en la fábrica.
A veces lo odio.
Siento un terrible deseo de que se lo lleven los franceses. Pero es mi padre… y no puedo pensar eso.
21 de febrero de 1916.
Hoy es el cumpleaños de mi hermana Dagmar, y le hemos preparado una sorpresa muy grande. Incluso mi padre hoy no irá a “trabajar” y está en casa, mi madre preparará una tarta y le pondremos velas.
No sé si le gustará mi regalo, son unos calcetines que conseguí en un mercado, de hilo blanco, con un par de lazos rosas. Espero que hoy sea un día perfecto.
No fue así. Estábamos en la cocina de nuestra casa y a mi hermana le habían encantado los calcetines. De repente oímos un ruido que nos resultó muy familiar. Eran los aviones de los franceses. Cogimos cuanto pudimos y salimos corriendo de la casa hacia un bosque que había cerca de la ciudad. Los aviones sobrevolaban nuestras cabezas, mi padre cogió a Dagmar al cuello para poder correr mas rápido, corríamos tanto como podíamos, rezando para que no nos alcanzasen las balas. Mi madre cayó al suelo, y yo me paré para ayudarla mientras mi padre y mi hermana siguieron corriendo…pero no llegaron muy lejos, cayeron abatidos como dos animales salvajes. Me quedé helado, no podía apartar la vista de sus cuerpos, mi padre sobre mi hermana, protegiéndola, o al menos lo había intentado, por fin había hecho algo bien…y mi hermana….solo se veía una manita agarrada a unos calcetines blancos ahora llenos de sangre…
Seguimos corriendo hasta el bosque, donde nos refugiamos en un árbol hueco. Las horas pasaban lentamente, y soldados franceses y alemanes desfilaban por delante de nuestro escondite.
Dos días más tarde salimos, la calma había hecho por fin acto de presencia, pero tanto yo como mi madre sabíamos que no duraría mucho.

Caperucita y el lobo.

Todos conocemos la historia de Caperucita, de como el lobio se comió a Caperucita después de haberla visto en bosque. Pero lo que la gente no sabe esque después de que sacaran a la abuela y a Caperu de la tripa del lobo, Caperu fué a visitarlo al hospital cuando este estaba convaleciente.
-¿Porqué lo has hecho lobo?
-Aaa Caperucita...Por que un lobo es siempre impredecible, ademas... Te lo habia advertido,¿recuerdas?
-Si...pero esque...-Se empezó a sonrojar, recordando la conversación que habian mantenido en el bosque...recordando la primera vez que vio sus labios, recordando la primera vez que lo rozó xcasualidad.
-Aaay Caperu...te tocaste demasiado los labios...
-Y tu como estas? Te duele mucho?
-Nah.-Caperucita puso su cestita encima de la cama del lobo, mirandole sonriente.-Caperu... ya hemos tenido una discusión por culpa de la cestita...no me tienteees...que se me saltan los puntos.
-Esta vez es para ti tonto!!!-Sacó de la cestita botellas de vodka y licores varios.
-MIRA PA CAPERUU!!- Se incorporó en la cama cojiendo la botella de vodka.

Pasaron largo tiempo bebiendo, riendo, cada vez mas cerca el uno del otro...rozandose.
-Caperu...sabías que esa capa te queda muy bien? y tu cuello es tan apetecible...y tus labios..mmmm
-Lobo, lobo...Se te está subiendo el alcohooool...
-Y mas cosas Caperu..y mas cosas.-Se acercó a ella para abrazarla, para oler su pelo, para rozar su cuello con sus labios... y ella le dejó, le dejó que la tocara, dejó que la desnudara"...dejó que acariciara su piel. Y acabó abandonandose al deseo que el lobo le provocaba.
Cuando el lobo y Caperu se despertaron juntos, ella se puso a oler su cuello, rozar su piel, acariciar su pelo... el lobo ya no parecía tan lobo durmiendo.
Cuando él despertó, Caperu ya no estaba, el lobo se quedó con su aroma de azahar e incienso... y en los labios el sabor de ella...se quedó con el recuerdo de aquella noche, en la que todo pasó sin que nada estuviera planeado...ella se habia ido...quizas para siempre...pero el lobo sabía que si tendrían que estar juntos lo estarían..y si no...pues sería un bonito recuerdo....lo unico que el lobo tenia seguro...esque habia sido una Caperucita mas.

Conversaciones internas.

-¿Qué sientes?
- Ya no siento nada... ya no siento el dolos de mis manos, ya no siento el dolor de mi corazon...
-¿Como te sientes?
-Sumergida, en agua negra... sola... sintiendo la tranquilidad del momento, pero el miedo a que en cualkier momento puede suceder... y quedarme sin aire...
-¿Ahi algo que pueda hacer?
-Mirame a los ojos.... comprueba el vacío de mi mirada ahora mismo... y encontrarás la respuesta...Nadie puede hacer nada... Nadie puede hacer nada por mi alma... Nadie puede curarme las manos, nadie puede curarme el corazon... nadie puede curar mi alma...

Mi gran mar... mi eterno mar.

Me siento sumergida en aguas profundas, sin poder encontrar el fondo, sin encontrar la superficie. Mi aliento se acaba, como mis fuerzas por seguir luchando.
Me siento inmersa en un mar oscuro, no es mi mar, no es mi tierra... no hay nada que me salve de hundirme mas, solo quiero llegar al fondo...
Me quedo sin aire, me empiezan a doler los musculos de esfuerzo, se me agarrotan los brazos de intentar agarrarme a algo para poder salvarme. Se me cierran los ojos... estoy cansada, y me rindo al vacío definitivo de mi soledad...
Me rindo, e intento en un desesperado esfuerzo agarrarme a algo efimero que se cruza en mi camino y me da unas gotas del oxigeno que se acaba en mis pulmones... pero se va, y me vuelvo a caer en el vacío, profundo y oscuro...
Acercate y dame aire, acercate y agarrame de la mano, haz que luche por creer en algo inexistente desde mi ultimo tropiezo....
Corre, vuela, nada hacia mi...
No me sueltes, no dejes de darme aire... no dejes que me hunda en mi misma... no dejes que mis ojos se cierren a la vida... no dejes que me hunda en el vacio de un mundo sin tu aliento.

Oviedo Mojado.

La gente pasa a mi lado como sombras grises de lo que un dia soleado pudieron yegar a ser. Yo voy con mis cascos acompañada de musica, no entiendo porque tanto gris, no entiendo porque tanta tristeza en las caras que no me miran mirar para ellas.
Todo está mojado, como mis vaqueros y mis playeros, absolutamente todo, menos resquicios de portales donde la gente aún no se ha metido para refugiarse de la inevitable lluvia que mojará a los refugiados.
Mi paraguas se da la vuelta con la primera racha de viento, y me da igual mojarme, me hace sentir como en tapia, alegre y divertida de sentirme viva en esta gris ciudad que es Oviedo.
Sonrio cuando me acabo empapando, simplemente porque me hace gracia que la gente al mojarse ponga el gesto turbio, y con un juramento intente secarse a pesar de la lluvia que le sigue cayendo encima inevitable e irremediablemente.
Me siento bien, me encanta la lluvia, tengo la persiana de mi habitación subida con las cortinas abiertas para ver como cae la lluvia por mis cristales. Me encanta por el mero hecho de imaginar que en una tarde asi, quizás en pleno agosto me pille en la playa, acompañada y encantada por mojarme con lluvia.
Me encanta como huele despues de llover, huele a limpio, a mojado... pero en Oviedo no es asi... en Oviedo huele a tristeza y a sentimientos deprimentes de gente gris, que pasea por una ciudad gris, en un dia gris... y nadie se da cuenta de que mi sombra es de un color rojo brillante, por mi pasion de estos dias, por la alegria de sentirme viva al respirar el aire humedo, rojo por el dolor de mi rodilla ante el cambio de temperatura.
Nadie se ha dado cuenta, y nadie se dará cuenta. Y eso me encanta.